María Pérez: El rostro de los desastres más allá de los daños materiales

Tenemos la idea de que reparar calles, viviendas, y restaurar servicios básicos en las localidades es suficiente para que las comunidades superen los estragos causados por fenómenos naturales como inundaciones, deslizamientos, entre otros.

Las inundaciones ocurridas entre octubre y noviembre de 2016 en la provincia de Monte Cristi, al Noroeste de República Dominicana, son un buen ejemplo para ilustrar que se necesitan más acciones que las mencionadas, para sobreponerse a los desastres.

El impacto sufrido en Montecristi a causa de fuertes lluvias producidas por vaguadas afectó a más de 1,300 viviendas y más de 11 escuelas y 99,000 tareas de cultivos, según datos ofrecidos por la Defensa Civil en su momento.

Si bien recobrarse de estos daños necesita de resiliencia, esta deber ser entendida no solo como la capacidad de las comunidades para resistir y recuperarse rápidamente de cualquier peligro plausible, sino ir más allá de las típicas medidas de reducción de riesgos concentradas en una amenaza específica y hacer frente a los peligros y vulnerabilidades derivados del impacto en el patrimonio e ingreso familiar, para evitar, por ejemplo, que “los desastres sumerjan a los hogares en mayores niveles de pobreza”, como establece el Plan de recuperación por las inundaciones del 2016 en la provincia de Monte Cristi, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Además, se requiere de una visión, más allá del evento en sí mismo, enfocada en la recuperación post desastre orientada a reinsertar a la población en una mejor dinámica social, cultural, económica, ambiental después de la ocurrencia del suceso [1], evitando a toda costa reproducir las mismas condiciones de riesgo que la llevaron allí.

“Los desastres dejan impactos sociales que van más allá de la imagen visible de los daños materiales. Son daños indirectos y muchas veces poco visibles que requieren ser identificados y atendidos por la sociedad y el Estado para la protección de los hogares”, afirmó Juan Carlos Orrego, consultor del PNUD para el Plan de recuperación por las inundaciones del 2016 en la Provincia de Monte Cristi.

Un caso común es el de María Pérez, entrevistada en junio en la comunidad de Ranchadero, Guayabín, madre soltera de dos adolescentes y un universitario, que sostiene su hogar con la preparación y venta de alimentos a personas cultivadoras del guineo en la finca “Madre de Familia” de su comunidad. Ella cuenta que “con las inundaciones, las ventas bajaron porque no hay producción”.   

María señala la finca "Madre de Familia"

María señala la finca “Madre de Familia”

De tener un ingreso entre 1,200 y 1,600 pesos diarios, un monto reducido para mantener su hogar pero que le permitía sobrevivir, María paso a ganar entre 200 y 300 pesos diarios, lo cual no solo ha afectado su presupuesto familiar, sino también los planes de su hijo mayor de continuar sus estudios de licenciatura en educación en la capital y con ello, las posibilidades de que su hogar tenga mejores condiciones y oportunidades para superar la pobreza.

“Al principio todo el mundo ayuda, pero después nos van dejando y todo se va olvidando…”, Cleopatra Izquierdo, del Patronato de Bomberos de Montecristi.

“De ahí era que nosotros comíamos los guineos…” señala esta moradora de la localidad de Ranchadero en el Municipio Guayubín de Monte Cristi, apuntando con su dedo índice a la finca, que se encuentra frente a su casa, al otro lado de la carretera, donde antes de las inundaciones le regalaban los guineos a esa comunidad.

Es por eso que el PNUD está acompañando en la elaboración del “Plan de recuperación por las inundaciones del 2016 en la provincia de Monte Cristi”, en el que se han que se han involucrado a las principales personas responsables de la toma de decisiones a nivel nacional y local de las diferentes entidades sectoriales del Gobierno y a la comunidad en general. 

El objetivo es transformar esa situación de desastre en oportunidades de cambio, con acciones consecuentes con una visión de desarrollo sostenible, que se traduzcan en una mejor calidad de vida para las personas, “con enfoques de avanzada en el reconocimiento verdadero de principios de equidad de género y atención especial a los derechos de los niños, niñas y adolescentes”, para que casos como el de María Pérez, cada vez sean menos.

[1] Protocolo de Recuperación Postdesastres. Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) 


Sobre la serie “Voces por el desarrollo sostenible”

Esta historia fue elaborada por Carolina Acuña, encargada de prensa del PNUD, y forma parte de la serie de especiales para Acento, “Voces por el desarrollo sostenible”, para promover el debate sobre la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. Se enmarca en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 9, “Industria, innovación e infraestructura, y el ODS 11, “Ciudades y comunidades sostenibles.”