Dunkerque

Nolan hace una conversación entre varias líneas temporales que, aunque puede causar confusión, se combinan muy bien dentro del tono narrativo de la película, dejando establecido que todo forma parte de un único universo bélico.
Félix Manuel Lora/Acento.com.do - 28 de Julio de 2017 - 3:00 pm - Deja un comentario
Foto: Fuente externa/Escena de Dunkerque.

Título original: Dunkirk. Género: Drama. Dirección: Christopher Nolan. Guión: Christopher Nolan. Reparto: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, Cillian Murphy. Duración: 1 hora 47 minutos. Clasificación: + 12 años País: USA

El británico Chistopher Nolan nueva vez pone su ingenio creativo para colocar sus opiniones personales dentro de una historia con perfil de blockbuster, sin que desmedre sus convicciones de ver el cine como arte, pero también como espectáculo capaz de conmover al público y dejar una sensación de angustia dentro de la sala.

Abrazando el cine bélico, Nolan en “Dunkenque” no trata de emular aquellos filmes que han trabajado el tema de la Segunda Guerra Mundial con todos los subtemas que se han derivado de este contexto histórico, más bien es un estudio sobre el miedo y la supervivencia.

Sin mucho preámbulo el director sumerge la historia en el año de 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, donde cientos de miles de soldados de las tropas británicas y francesas se encuentran rodeadas por el avance del ejército alemán en las playas de Dunkerque. Allí se enfrentan a la angustiosa verdad de que la muerte puede venir desde cualquier lado.

Sin algún protagonista aparente, la historia va desarrollándose en forma combinada con distintas situaciones a modo de líneas secundarias que convergen en un solo punto geográfico.

De esta manera tanto el público como los hechos narrados, se van acoplando dentro de una experiencia auditiva y visual que le da categoría de buen arte a todo lo que aquí es expresado.

Su magnífico argumento, apenas con algunos diálogos necesarios, es un ejemplo de la economía del discurso oral frente a la capacidad que pueda tener la imagen sobre la palabra, siempre apoyado por una dirección que apela a la emotividad subyacente en la acción, dejando el resto a la extraordinaria partitura de Hans Zimmer y la fotografía de Hoyte Van Hoytema.

El tema no es el fragor de la batalla sino la odisea de poder salir de este encerramiento mortal a que están sometidos los soldados, puesto que el enemigo es apenas un rostro invisible, aunque una constante desde aire quien lanza ráfagas de balas y bombas a los soldados.

Nolan hace una conversación entre varias líneas temporales que, aunque puede causar confusión, se combinan muy bien dentro del tono narrativo de la película, dejando establecido que todo forma parte de un único universo bélico.

Definitivamente, arte con mayúsculas, un retrato de epopeya ilustrada con una gran carga de espectacularidad visual y sonora que define sólo aquellos que saben hacer cine.

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