Katiuska con noble lección teatro unipersonal en Guloya

El público se encontrará con una artista decidida, atrevida, desinhibida, graciosa y fuerte, dotada de una agilidad  sorprendente y amigable.

 

 

SANTO DOMINGO, República Dominica.- La mujer que encarna este monólogo  nos hace vivir la pasión y la fantasía del teatro. No se trata únicamente de su capacidad de memorizar un texto intenso y extenso, no es solo dominar el perfil fronterizo de una mujer que decide si vive o muere. Ella logra recuperar el público para una dimensión en la que se hace pareja del espectador, al que conduce por sus pasillos de humor y drama.

Estamos ante una artista decidida, atrevida, desinhibida, graciosa y fuerte, dotada de una agilidad  sorprendente y amigable. El chispeante y dramático monólogo se desdobla en cuatro personajes  en los pasillos de una existencia  femenina condicionada y sin aparente salida.

El monólogo es, actoralmente hablando, el desafío más serio con que se puede enfrentar un talento y respecto del cual hay que recurrir a todos los recursos interpretativos para mantener el público interesado y pendiente de las acciones en escena.

Para que un monólogo tenga éxito, necesita tres condiciones: un buen concepto en su dramaturgia, una capacidad histriónica con capacidad para dar con los colores y tonos interpretativos y una dirección adecuada y atrevida. El monólogo se presenta este fin de semana como final de su temporada.

Las tres condiciones concurren en Qué no se culpe a nadie de mi muerte, debido a que se apoya en un texto del mexicano Humberto Robles (7 mujeres) y probablemente el dramaturgo azteca más representando en el mundo y particularmente en América Latina, por el acierto de sus textos con la problemática social de hoy y muy especialmente en torno a situación de la mujer.

La representación, que se mantiene en Teatro Guloya hasta el próximo fin de semana,  tiene la dirección de Viena González, una de las artistas que ha consagrado su vida al teatro en cada una de sus expresiones y que, en este caso, se mantiene desde el puesto de directora para orientar las acciones de la artista en escena, logrando uno de los niveles teatrales más altos de los trabajos individuales presentados en este año.

Finalmente, Qué no se culpe a nadie de mi muerte, cuenta con una artista que habíamos visto en algunos roles de cine (Una breve historia de amor, Alan Nadal, 2015 y Quiero Ser fiel, Joe Menéndez, 2014) y en teatro (7 Mujeres y Radio Bemba), pero en ninguna de esas oportunidades,  Licariac tiene, como ahora, la oportunidad de desplegar sus habilidades y desarrollar su pasión, esa que parte de una inclinación por comunicación artística trascendente.

Lo que logra Katiuska al interpretar cuatro personajes (la madre, la abuela, la hermana y la protagonista dispuesta a suicidarse si no llega una llamada) es un recital de actuaciones que adereza con un dominio morfo-gestuaL a lo que agrega la expresión oral con registros convincentes, graciosos y firmemente testimoniales.

El autor

Licairac nos permite el gusto de estar de nuevo en contacto con los conceptos de Humberto Robles destacado activista de los derechos humanos en México y América Latina,  el autor de:

Robles, mexicano,  es un fenómeno artístico y social.

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