Tubérculo presidente

El filme peca de mostrar situaciones sobre cuestiones referenciales de la vida política nacional que, sin apuntar a figuras en específico, señala anécdotas y ocurrencias que ya han sido vistas por el espectador local.
Félix Manuel Lora/Acento.com.do - 1 de diciembre de 2016 - 11:00 am - Deja un comentario
Foto: A pesar de lo irregular del entramado humorístico, el filme es fiel a la naturaleza misma de los personajes principales, y es sobre la bondad y sapiencia rural de Tubérculo y Tirson, la que se convierte en la mejor arma del discurso moral que posee la película.

Título original: Tubérculo presidente. Género: Comedia. Dirección: Archie López. Guión: Víctor Reyes. Reparto: Raymond Pozo, Miguel Céspedes, Cheddy García, Paula Disla, Jorge Pabón, Orlando Urdaneta, Loraida Bobadilla, Yaritza Reyes, Starling Aquino. Duración: 1 hora 40 minutos. Clasificación: Todo público. País: República Dominicana

Archie López vuelve a llevar a la pantalla grande a dos típicos personajes televisivos como son Tubérculo Gourmet y Tirson Dolores, hechura creativa de Raymond Pozo y Miguel Céspedes.

La primera película fue una dicha de chistes y ocurrencias dentro de un entorno rural donde estos dos personajes propusieron un catálogo de costumbrismo dominicano que convirtió a “Tubérculo Gourmet” en un filme con buenos momentos hilarantes.

Ahora, con la inventiva en el guión de Víctor Reyes, el chiste se hiperboliza en una trama que extrae a Tubérculo y Tirson de su hábitat natural para llevarlo por una caricaturización del poder del Estado en la que estos personajes se convierten, respectivamente, en presidente y vicepresidente del país.

Esta sola idea es la que busca crear un panorama donde el absurdo sirve de base para movilizar una serie de recursos humorísticos que en términos generales no funcionan del todo.

Más que un filme coherente, en la consecución de los acontecimientos, este se convierte en un resumen de chistes que tratan de combinarse de la mejor manera posible, iniciándose con la entrevista que concede Tubérculo y Tirson a una cadena internacional de noticias.

Esto da paso a narrar la historia en flashback, convirtiéndose en una fábula cómica vista a través de las experiencias de los propios personajes principales.

Los actos de humor se esparcen por doquier, desde la escena de la recepción de embajadores y presidentes, pasando por los pasillos del palacio, el comedor y llegando hasta la alcoba presidencial.

No culpo a Raymond y Miguel, pues ellos son la esencia del filme y las figuras que mantienen el equilibrio esencial. Lo que preocupa es el afán hacia el ridículo y lo burlesco en un relato que invierte muchas de las condiciones formales de la estructura de las comedias.

El filme peca de mostrar situaciones sobre cuestiones referenciales de la vida política nacional que, sin apuntar a figuras en específico, señala anécdotas y ocurrencias que ya han sido vistas por el espectador local.

Es cierto, el cine de humor ha presentado un sinnúmero de historias con estas mismas características, pero por su especificidad, en este caso, es bastante riesgoso y no se puede ser equilibrado del todo.

Las rachas de humor se convierten en risas entrecortadas pues el filme no sigue un patrón formal, se nota fragmentado y esa fragmentación diluye su conceptualidad simbólica sobre los dos personajes en cuestión.

A pesar de lo irregular del entramado humorístico, el filme es fiel a la naturaleza misma de los personajes principales, y es sobre la bondad y sapiencia rural de Tubérculo y Tirson, la que se convierte en la mejor arma del discurso moral que posee la película.

Esto queda evidenciado en los personajes de villanos que posee esta historia, asumidos por Jorge Pabón, Orlando Urdaneta y Luís Manuel Aguiló (este último con un personaje de varias capas), entes que buscan la mejor manera posible de sacar beneficios políticos a toda costa. Sus intenciones quedan marchitas por la honestidad de estos funcionarios y sus respectivas esposas, asumidas por los roles de Cheddy García y Paula Disla, quienes impiden toda malversación de fondos, triquiñuelas y negocios turbios en su gobierno, convirtiéndolo en un mandato con alta tasa de popularidad.

Esto, quizás, sea el mejor aporte de este cuento, un relato con moraleja humana y política que define las buenas intenciones de su director, guionista y productores.

 

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