El pueblo europeo con crisis de identidad

Manuel Ramón Morel Cerda - 10 de Diciembre de 2012 - 4:49 am - Deja un comentario

Hace unos años me tocó llamar a la Asociación de Tumbas de Guerra de Tirol del Sur.

Un glaciar alpino cerca de la frontera entre Austria e Italia se estaba derritiendo y había empezado a revelar los cuerpos de tres soldados que murieron en las sangrientas batallas montañosas de la Primera Guerra Mundial.

El teléfono lo contestó un hombre que hablaba alemán con un fuerte acento tirolés.

“¿Los soldados eran del ejército austriaco o del italiano?”, le pregunté.

“Formaban parte del ejército austriaco”, dijo.

“¿Y dónde fueron hallados?”, insistí.

“En los Alpes de Ortler”, respondió. “Formaban parte de Austria, pero ahora son de Italia, desafortunadamente”.

“Vieja hostilidad”

Mussolini y Hitler

Mussolini (izquierda) and Hitler (centro) pusieron a los habitantes de la región ante una disyuntiva.

Tirol del Sur, una vez parte del Imperio Austro-Húngaro, fue anexado a Italia en 1919, al final de la Primera Guerra Mundial. Los italianos querían controlar los Alpes, al sur del paso del Brennero.

Muchas personas acá hablan alemán como lengua materna. Y algunos de ellos, como el hombre de la Asociación de Tumbas de Guerra, todavía no comparten el hecho de que la provincia sea parte de Italia desde hace casi un siglo.

En las décadas de 1920 y 1930, el líder fascista Benito Mussolini fomentó que los italianos del sur se asentaran en la región.

El alemán estaba prohibido ampliamente en colegios, en las cortes y en las oficinas públicas, y los nombres de los lugares fueron “italianizados”.

Todo eso contribuyó a lo que un autor local me describió como la “vieja hostilidad” entre los dos grupos lingüísticos.

La tensión creció fuertemente en 1939, cuando Adolf Hitler y Benito Mussolini acordaron darles a los hablantes de alemán que decidiesen si se quedaban en Tirol del Sur y se integraban a la fuerza al idioma italiano y a la cultura, o emigraban al Reich y dejaban su tierra ancestral.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial significó que el acuerdo sólo se implementó parcialmente, pero dejó un legado doloroso.

“Fue tremendamente decisivo”, me dijo una mujer de Bolzano, la capital de la provincia. “Si te quedabas, te tachaban de traidor; si te ibas, te veían como a un nazi. Incluso ahora, se pueden ver familias divididas por la decisión que tuvieron que tomar sobre quién decidía quedarse y quién irse”.

Ventaja en los negocios

Plaza

Bolzano es la capital de la región de Tirol del Sur.

Hoy, sin embargo, Tirol del Sur es una región próspera. Es la más rica de Italia y sus habitantes son bilingües.

“La lengua materna de mi novio es italiano y la mía es el alemán”, me comenta Bárbara, una joven relacionista pública, mientras bebemos un capuchino en una plaza medieval de Bolzano.

“Eso nos supone una gran ventaja en los negocios”, me explica. “Conocemos bien tanto los mercados del norte como del sur de Europa”.

Las relaciones entre los hablantes de los dos idiomas comenzaron a mejorar finalmente a finales de 1970 cuando Tirol del Sur consiguió autonomía. Gracias a ese acuerdo, el 90% de los impuestos que pagan los habitantes de este área se quedan aquí.

Pero estos días, la profunda crisis económica que amenaza a Italia está haciendo resurgir viejos resentimientos.

El gobierno de Roma pretende que Tirol del Sur haga un aporte millonario al presupuesto nacional italiano, una demanda que para los políticos locales va en contra del acuerdo de autonomía.

Movimiento separatista

Los italianos que no quieren rescatar a Roma

El gobierno italiano pidió a la rica región de Tirol del Sur, provincia autónoma germanohablante, que aporte mayor cantidad de impuestos a las arcas del país. Pero no todos están conformes.

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Y esto ha dado nueva vida al minoritario movimiento separatista que encabeza la Federación Histórica de Fusileros del Tirol del Sur, también conocida como Suedtiroler Schuetzenbund.

La asociación, que organiza marchas con el traje típico tirolés y sombreros con plumas, desarrolla desde hace tiempo una campaña a favor de la reunificación con la provincia de Tirol del Norte, en Austria.

“Cuanto peor le vaya a la economía, mejor para nosotros”, me dice emocionado el líder del grupo, Elmar Thaler. “La gente se está empezando a dar cuenta de que no tiene nada que ver con Italia”.

Pero Franz, otro residente de Bolzano es escéptico: “Suedtiroler Schuetzenbund es una minoría. La mayoría de la gente no quiere irse de Italia. Pero es cierto que nuestra historia está todavía muy reciente. Mira nuestra arquitectura”.

Mientras camino por Bolzano, empiezo a ver a lo que se refiere. La ciudad antigua parece muy tirolesa, con sus estrechas calles góticas y sus portales y sus plazas pintorescas con estatuas de héroes alemanes.

Pero al otro lado del río, se puede ver otra parte muy diferente de la ciudad con edificios monumentales construidos por los fascistas italianos.

“Es irónico de alguna forma”, me dice Franz. “Uno de los edificios más emblemáticos es la oficina de impuestos”, explica.

Austero y geométrico, fue construido durante la Segunda Guerra Mundial para ser la sede del partido fascista.

Un enorme friso de piedra recuerda los logros del régimen. Y en el centro, está labrada una imagen de Benito Mussolini.

En Tirol del Sur, las líneas divisorias de la vieja Europa están todavía difusas.

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